miércoles, 25 de febrero de 2009

Entre gripa y fantasmas

Las gripas son tan revolucionarias como lo son las bicicletas. Con las primeras es inevitable ir de regreso en la evolución homínida y culminar rendido ante las paredes blancas de una caverna sin sombras. Justo cuando uno estaba por acoplarse a un rítmo frenético, hogar, salir, montar, correr, llegar, trabajar, comer, saludar, visitar, hacer, volver, abrir, entrar, dormir. Justo en ese momento la gripa expresa la inteligencia del cuerpo que es muy determinante: ALTO.

Rendidos ante la inutilidad de nuestros medicamentos, no nos queda mas que aceptar el mandato sagrado, que no es de nadie sino de nosotros mismos. Engriparse es el paso previo para pensar. Es la conciencia pura, la eternidad sin tiempo.

jueves, 12 de febrero de 2009

vivir el tiempo

Kant decía que el tiempo y el espacio son dos aspectos de la misma experiencia. El espacio no es sino tiempo recorrido lentamente y el tiempo un espacio veloz.

martes, 3 de febrero de 2009

riqueza

"Rico no es aquel que posee muchas cosas, rico es quien dispone del tiempo para disfrutar de lo que la naturaleza y la colaboración humana ponen a disposición de todos." Franco Berardi, Bifo

miércoles, 28 de enero de 2009

Oda a la bicicleta

Iba por el camino crepitante:
el sol se desgranaba
como maíz ardiendo
y era la tierra calurosa
un infinito círculo
con cielo arriba
azul, deshabitado.

Pasaron junto a mí
las bicicletas,
los únicos insectos
de aquel minuto seco
del verano,
sigilosas, veloces, transparentes:
me parecieron sólo movimientos del aire.

Obreros y muchachas
a las fábricas iban
entregando los ojos al verano,
las cabezas al cielo,
sentados en los élitros
de las vertiginosas bicicletas
que silbaban cruzando puentes,
rosales, zarza y mediodía.

Pensé
en la tarde
cuando los muchachos
se laven, canten, coman,
levanten una copa de vino
en honor del amor y de la vida,
y a la puerta esperando
la bicicleta inmóvil
porque sólo de movimiento
fue su alma y allí caída
no es insecto transparente
que recorre el verano,
sino esqueleto frío
que sólo recupera
un cuerpo errante
con la urgencia y la luz,
es decir,
con la resurrección
de cada día.

(Pablo Neruda, 1956, Tercer libro de las odas)

martes, 13 de enero de 2009

El ¿eterno? retorno de lo mismo maldito y urbano

De vuelta a la ciudad. Aún no sabemos si la ciudad fue a perseguirnos allá, lejos, frente al mar sobrio (nosotros no, el mar, el mar...), o si fuimos nosotros y nuestra incapacidad para adaptarnos a un medio distinto los que regresamos a ella. Sea lo que sea, comienza otro año, como suelen decir nuestras convenciones "imaginarias" (C.) y simulamos un reinicio de proyectos...A lo mejor ciertamente el hecho de que el Sol reanude un ciclo, aporta algo de novedad a la repitición de lo inevitable: la novedad de que todo se repetirá en un escenario un poco distinto y bajo máscaras diferentes.

Para salir de la ironía empapémonos con una dosis de tranquilidad urbana: el alza en el precio del transporte público (?). Efectivamente, no partimos de cero muchachos, retomamos los mismos asuntos y mientras tanto, unos cuantos se aprovecharon de la narcótica distracción de las navidades para fregarnos. Ya que esto no es novedad y ya que sabemos que el año será igual de atroz o peor que el anterior (lo cuál tampoco sería novedad), pues despejemos el engaño con una dosis de enojo: ¿Le quitamos la palabra público a lo del transporte? Porque ya nos avisaron que si no tenemos dinero pues podemos tomar la bicicleta. A mí me habían enseñado que lo público es lo accesible a todos sin importar condición, edad, ingreso, raza, sexo y esas tarugadas identificadoras. Que efectivo remedio contra la interminable discusión sobre lo público o lo privado, porque de ahora en adelante, lo público se mide por la cantidad de lana en el bolsillo (para salir y comprar fregaderas o subirte al camión) y lo privado se reduce a lo que se queda en casa por jodido (los grillos y las paredes, siempre y cuando no sean rentadas). Elemental.

Olvidando este asunto, que no dejaremos por ahí nomás sino que lo iremos rumiando hasta detonarlo en ira callejera (quizá me suba disfrazado de cerdo a los camiones para que los usuarios se identifiquen conmigo y el chofer ni se inmute), pasemos a lo siguiente: ¿Qué hacemos con este año? Es decir, ¿qué hacemos con esta vida que se nos irá pasando en otro año más? La pregunta no sugiere que meditemos personalmente por aquello "que se nos antoja más" (aunque de algún modo sí), sino que más bien, la pregunta sirve como de freno antes de dar pasos anuales para detener un poco el frenesí de la vacación o del retorno animoso y exasperado al terreno extrañado de la ciudad (la vida urbana se ha vuelto, quizá, un vicio). Anti-narcótico este de las preguntas...Si no lo necesitan pues sigan adelante y vayan a otro blog, en mi lista hay unos más interesantes.

¿Qué haremos (nosotros y cada quién) pues, con este pasar (la vida) por el tiempo (el año)? Hoy no sé si vale la pena sentarse y meditarlo demasiado o si será mejor tomar la bicicleta y recorrer las calles. A veces las ideas nacen mejor paseando. Lo que ya me avispa ante una posible reflexión: este tiempo que viene podríamos pasarlo caminando por las calles. ¿Qué podríamos hacer? Efectivamente, ir al trabajo a pie, perder unos kilitos, respirar árboles (eso del aire es solo una metáfora), comer con los amigos y jugar dominó a media plaza, visitar al abuelo en algún parque (aprovecho para mandarle un abrazo tierno al mío); pasear al perro y soltarlo cuando pase el vecino, armar una cascarita en la calle, mirar el cielo azul o gris, tocar la guitarra en un puesto de tacos o de hot-dogs (para que la gente no pierda lo bohemio por lo canival), pintar unos muros con historietas cómicas o malhumoradas, o de perdida subirnos a un camión aerodinámico pintado con flores y poemas y con techo para mirar las estrellas, las jetas o asolearse, con buena música, sin temor a salir disparados por un frenón bestial.

Se me olvidaba que no se puede pensar sin las condiciones objetivas que permiten hacerlo: no hay tiempo para soñar, hay que partirse el lomo trabajando horas extra (para que las vacaciones del próximo diciembre estén igual de buenas o para que el niño coma porque nadie come sin trabajo...(pero sí hay subsidio al petróleo y no a la comida...)); los camiones sí dan frenazos y uno debe estar trucha para no descalabrarse contra el tubo por estar leyendo poemas pendejos; en las calles si juegas futbol no sigues los consejos de la SVT: "peatón (niño) favor de no salir a jugar en las calles" y seguramente serás calcamonía en rojo carmín; los amigos no están en las plazas sino encerrados frente a la t.v. bebiendo chela, peleando con la vieja o trabajando como enfermos; tocar guitarra es para hippies idiotas bohemios y eso ya pasó de moda, los tacos están más buenos si se comen más rápido, las bardas no se pueden pintar porque las leyes lo prohíben, los abuelos ya no pueden salir de casa porque no es seguro...como otro chingo de cosas que nos dan ganas de hacer y no nos dejan. ¿Y por qué no nos dejan? Por el mentado Estado de Derecho, el orden social, la armonía del pueblo mexicano, la seguridad, la patria, el progreso y la eficacia (lo único eficaz es la manera en que nos chingan con celulares y productos), por cultura y educación, por modales, porque es de güevones disfrutar la ciudad, para que el turismo no salga corriendo (es lo nuevo) o porque el narcotráfico esta duro...

Vaya, parece que este año será el mismo que el anterior. De entre todo lo que imagino que podría ser y hacer con mi ciudad, sólo un par de cosas me dejarán: caminar por la banqueta (si encuentro alguna y que no esté invadida por los autos) y tomar el camión (para reventarme la frente)....

A menos que...las leyes me atreva a romperlas, según un uso moderado de mi razón civilizada (a martillazos y sangre) y si nada me demuestra que no se puede, me atreva a cerrar una calle con mis compas y armar la cascarita, decirle a los autos que se vayan al demonio y que la ciudad es mía y no suya (seguramente no escucharán, no tienen oídos); o pinte mi casa de perdida según se me antoje, con mensajes subliminales y calaveras o con flores y cosas retro o de rojo frenético o quizá cite a mis compas en una glorieta a jugar dominó y me lleve mis bocinas para no oir el claxon de los idiotas sin imaginación atorados en su rutina y su falta de distracción y sentido del humor, sin las preguntas necesarias para darle en la madre a las cosas inútiles, como el miedo a la vida o a la muerte, como el temor a las autoridades, como el cumplimiento sin saber de qué y por qué y hasta cuándo, sin la estúpida espera de una ciudad distinta sin que yo me prenda y arme un borlote, sin la rebeldía alegre de quien revoluciona su vida cotidiana "sin mucho pancho" y sale a caminar discretamente por las calles, sabiendo que ese simple acto, el de tocar el asfalto con las suelas, cambia la visión y el tiempo, hace las cosas nuevas, inaugura un mejor año, detiene la estupidés y nos hace más listos (y no pagamos por un pésimo servicio que en otros países es gratuito).

Los miro por las calles, desde arriba, en mi farol con mosquitos....porque abajo, el mundo sólo se vuelve respirable para....los blancos sepulcros...

el alumbrado 2009

viernes, 14 de noviembre de 2008

a jugar golf

Compas, hoy (viernes 14 de nov. Del 2008) leí la columna de Diego Petersen en Público. Comparto con algunos la tristeza de leer su moderada complicidad con las decisiones del Estado (invertir, donar, regalar…$1,000,000 de dólares para el LPG femenino en GDL). Por otro lado entiendo sus argumentos, casi como si me los hubieran recetado desde chico, casi como si me hubieran acostumbrado a ellos, casi como si fueran naturales, normales y ciertos. Efectivamente apela a la lógica del sistema en que vivimos. Esa lógica yo la resumo en una frase: “aceptar vivir esperando vivir mejor a costa de las decisiones de los encargados de tomarlas”. Pasividad, resignación y fé ciega. Así vivimos. “No tienen idea de cómo funciona el mundo”, me dijo ayer un tipo furioso y me plantó el sello de ignorante en la frente. Y entonces me falta entender que darle nombre mundial a Guadalajara es una excelente estrategia, que atraer turismo dará muchas chambas (ser cadi ha de ser genial, vender refrescos también y limpiar las camas del hotel mucho mejor). Es cierto, un torneo de golf no es lo mismo que un santuario de los mártires (cada quién tiene distintos feligreses). Sí, quizá soy muy ignorante, sé muy poco de nada. Estudié cuatro años de filosofía quizá en vano. No soy un experto en historia de ella, ni me especialicé en filósofo alguno (aunque tengo mis favoritos). No soy un filósofo que reconozca una sabiduría básica desde la cual el mundo debiera organizarse. Ni creo en que la filosofía tenga la última o la primera palabra. La filosofía para mí es ante todo capacidad para indignarse y rebelarse. Es sensibilidad. Es duda. Es desconfianza y es también certeza, de que aquello que pienso que esta mal, aún contra toda intuición y toda otra verdad, puede tener algo de cierto, es por algo. Y entonces comienza el largo proceso de indagación. La filosofía no me pone en un plano superior a nadie. No me hace más listo. Quizá nomás un tanto precavido y escéptico. Aún así, nunca habré dudado lo suficiente. Me pregunto entonces, ¿lo que queremos es una mejor ciudad? ¿Queremos simplemente que ésta sea más amable con el medio ambiente, que de más oportunidades para todos, que este más linda y mejor pensada? ¿O queremos que deje de ser la perfecta justificación de un modelo de vida que subsiste a costa de muchos otros seres, millones de bocas sometidas a la exigencia de sobrevivir, millones de individuos pasivos y enfermos porque les han arrebatado su voluntad de soñar y ser por sí mismos? ¿No es lo que queremos una ciudad que no sea de autómatas sino de individuos autónomos, capaces de convivir entre sí sin suponer un esquema previo de dominación, de jerarquía? Siempre el adulto sabe más que el niño, siempre el maestro más que el alumno, el político más que los ciudadanos, el académico más que el obrero, el hombre más que la mujer, los urbanos más que los campesinos, casi todos más que los indígenas, los sacerdotes más que los feligreses, dios más que todos, la ciencia más que la experiencia, los saberes más que la práctica, el diPUTAdo más que el limpiabotas o el taxista, etc... Y así vivimos esperando que un día llegue el mejor líder, el mejor indicado para tomar las buenas decisiones. Quizá algo así sea inevitable (pienso en lo positivo de un Obama dadas las circunstancias). Yo siempre lo dudaré. Quizá estamos a años luz de encarnar otro tipo de organización social. Quizá estoy infectado de radicalismo o idealismo romántico y siempre me toparé contra la imposibilidad.

A lo mejor ayer algunos nos excedimos, nos expusimos a la cara del poder de manera cruda y visceral; a lo mejor concedimos demasiado al mostrarnos y tan pocos. Quizá sea mejor plantearnos qué hacer de ahora en adelante. Si la apertura al diálogo se ve truncada o es una mera fachada para agotar las fuerzas y limar las asperezas sin ofrecer nada a cambio... ¿Qué podemos hacer? Creo que vamos por el mejor camino cuando apostamos por los niños y los jóvenes, sólo en ellos radica el germen del cambio. Creo que tenemos que pensar en tácticas más listas, sacudir bien el Internet y esas herramientas que también nos ofrecen protección, apertura y amplitud. También actividades lúdicas, el juego siempre va a ser nuestra mejor arma. Ayer me sentí incómodo en la protesta porque sentí que nos faltaba jugar más, estábamos repitiendo un patrón y modelo antiguo, que ha perdido su efectividad. Más cuando somos tan pocos. Más cuando nos identifican y luego podrán acosarnos. No es que me de miedo, pero albergo la duda de si será la mejor estrategia. Mi pasión me empujaría a hacer cosas más estúpidas, como abrir un hoyo en la maya y correr desnudo por el campo de golf. Pero mi razón que es hija del sistema (le conoce un poco) me dice, "ah ah, alerta, son muy pocos como para lograr algo”. Necesitamos seguir creciendo la red y el apoyo, necesitamos crecer los argumentos, multiplicar el discurso local, armarnos hasta los dientes de poesía y de razón. Saber fusionarlas. No volvernos caras frías, serios, perros buldog esperando el hueso. Hay que inyectarle a esta ciudad una risa soberbia y desengañada. Y hay que tener cuidado con nuestras alianzas. Podemos compartir ideales y luchas, pero quizá las maneras son por ahora también las que importan. También me pregunto, ¿y no será que la ciudad quiere tener torneo de golf? ¿Que para muchos es un gran sueño, un buen motivo, un logro? ¿No es la esperanza de muchas generaciones verse algún día en el reflector? y entonces si es así nosotros salimos sobrando y vivimos en una ciudad que no quiere vivir distinto sino que la dejen aspirar a eso.

A lo mejor toca que nos mudemos a otro lugar y partamos de nuestras convicciones. Una comunidad de individuos sin estúpidas necesidades como los autos; bicicleteros con hortalizas y permacultura, sin jerarquía, de cada quien algo y para cada quién el sustento y la libertad absoluta. Quizá en algún momento eso toque. Hoy apuesto a que todavía podemos hacer ruido y no dejar intacta esta ciudad. Pero estoy seguro de que debemos afinar las estrategias. Íbamos bien y podemos retomar el rumbo. Hay que darle el poder a la imaginación y no a la costumbre. Hagamos desayunos, paseos en bici, pintemos muros, monumentos, símbolos rupestres en la calle. Caminemos chuscamente, entremos a los bancos a contar chistes, vayamos a comer con los indigentes, los ancianos abandonados, ¿sacamos a pasear en triciclo a las viejitas del asilo de Mexicaltzingo?, ¿proyectamos documentales en el espacio público con nuestros propios recursos? ¿Filmamos los absurdos de nuestros actos cotidianos? ¿Perseguimos a un camión de la basura para dibujar su ruta? ¿Llenamos de globos el congreso, sin decir nada más? ¿Damos clases gratis a los niños en la calle? ¿Nos paramos un día cualquiera y armamos un fiestonón en la banqueta? ¿Hacemos autos macetas, abrimos un café-biblioteca comunitario? ¿Un hostal gratuito? ¿Conseguimos locales para plantar nuestro parque? ¿Pintamos nuestras ciclovías? En fin, ¿armamos una revolución urbana "silenciosa"? Está difícil. El tedio está cabrón. Las leyes están difíciles. Para muchos, la economía y el trabajo es una pinza paralizante. Con el discurso vamos a convencer a pocos adultos. ¿A los jóvenes? ¿Los seducen más los actos extraños y lúdicos y después hablamos de algo que podría ser y no es? Baudrillard dice que la seducción es distinta al poder. La seducción no te dice lo que deberías hacer mediante el discurso, la seducción te muestra la apariencia de lo real. Te planta la duda. Te muestra que tu mundo no es tal como lo piensas, pero no te dice cómo es....te deja que lo inventes...Les dejo el hilo de la discusión....estoy triste y alegre al mismo tiempo, asustado y furioso. Aunque por sobre todo, quiero sonreír, salir a la calle y cambiar muchas cosas. Pero no sin cómplices. No sin hermanos. Ni a lo pendejo ni por ceguera. A desengañarnos y proponernos.....y si no se puede ¿armamos un camión escolar lo equipamos con regadera y nos vamos de gira a encontrar un mejor lugar para vivir? ¿O nos planteamos otra manera de vivir en la ciudad? ¿Rediseñamos casas? ¿Les abrimos espacios comunitarios? Ahhh....vamos....que la rutina no nos atrape...que el cansancio de vivir así no me mate...

suyo

el alumbrado

domingo, 9 de noviembre de 2008

Hoy encontré la fórmula más eficaz para recuperar el espacio perdido, recuperar la paz perdida de la soledad y el silencio. He aquí la receta completa, implica una transformación de sí, un trabajo ascético de día completo; por lo tanto, no es para los débiles: Amanecer crudito y preparado para un rico menudo rojo, bien servido con orégano, cebollita, chile rojo, limón y tortillita. Acompañarlo con taquitos de frijol con queso, tortilla bien aceitadita. Rematar con unos huevitos revueltos a la mexicana y yogurth de moras y avena. No olvidar el jugo de naranja, el cafecito o el chocolate. A la media hora volver por un trozo de pastel. Y a la hora preparar la botana: aceitunas rellenas de atún, salchichas bañadas en salsa tabasco, salsa magui, limón y chile tajín. Acompañar con refresco conviene. No demorarse mucho en abrir estómago para la comida del medio día. Recalentar el menudito y arrematar con otro trozo de pastel. No sin antes inaugurar solemnemente con unos ostiones ahumados. Garantizo una tarde rellena de turbulencias y paradas abruptas en los pasillos. Pero los resultados son espléndidos, los parientes y otros bichos saldrán corriendo del hogar. No hay mejor manera de limpiar la casa de visitas y recuperar la tranquilidad compartida del cielo estrellado. Después de todo, nada más noble que aromatizar el ambiente para ahuyentar los malos agüeros. Sin dañar mortalmente a nadie. A lo mucho le jalamos al hilito y nos quedamos más viejos. Tanto víctimas como victimarios, todos nos arrugamos parejo. Pero el que ríe primero ríe mejor y a costa de los demás. Adelántense, al que se duerme, le toca el peor golpe.